Introducción "Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas: A él sea la gloría por siempre. ¡Amén!"* —Romanos. 11:36
Hay seis principios básicos que rodean la soberanía de Dios en la providencia. Estas se encuentran en toda la Palabra de Dios y sostienen su mensaje de salvación. Es necesario entender y creer estos seis principios para poder comprender bíblicamente a Dios mismo y a la teología de su Gracia Soberana. La comprensión y la aplicación de estas verdades a la vida cotidiana, es el cimiento de la esperanza que lleva a uno al verdadero gozo en el Señor. Es imposible sentir la esperanza de la seguridad y la confianza en el corazón, mientras vivamos en este presente mundo tan loco, sin aquel conocimiento y apreciación de la Soberanía de Dios en la providencia incorporada en estas seis verdades bíblicas.
Lector, ¿entiende usted de manera muy personal, el mensaje de esperanza y de gracia que es presentado en la Palabra de Dios? o, ¿experimenta usted problemas cuando trata de entender como las cosas no encajan una con la otra? ¿Puede aplicar las verdades de la Biblia a su vida cotidiana? o, ¿le parecen las doctrinas de la Palabra de Dios muy ajenas a la vida real? Este artículo se ha escrito con el propósito de ayudarle a entenderlas con claridad y le ofrece ayuda en dos áreas específicas: (1) Está diseñado a ayudarle a entender lo que la Biblia en verdad dice y propone, y luego (2) le ayuda a aplicar ese mensaje a situaciones de la vida real en el mundo al que usted personalmente se enfrenta.
Quisiera primero darle una lista de los seis principios y luego explicárselos uno por uno:
1.Dios siempre está en control de todas las cosas y constantemente se ocupa en lograr suplan (Hab. 1:1-11; Isa. 10:5.,6).
3.4. Dios castiga a los que usa para lograr sus propósitos cuando ellos actúan sobre motivos equivocados. (Isa. 10:12-16; Hch. 2:23,24; Mat.27:15-26).
5.Aunque toda enfermedad y aflicción son parte de los propósitos de Dios y se encuentran bajo su control soberano, no es lógico deducir de esto que toda enfermedad y aflicción son castigos por haber pecado (Job. 1:1, 6 al 2:10; 13:15).
Antes de escudriñar más de cerca estos seis principios, quiero agitar un poco su mente para que me preste más atención. Voy a probar tanto su conocimiento básico de la Escritura como su habilidad de aplicar la misma a las situaciones de la vida real. Todos somos lentos para pensar en una manera profunda, especialmente si se trata de algún tema que es para nosotros nuevo. Somos algo como un tocadiscos que da vueltas y vueltas en la misma ranura. Pero quiero asegurarme de que usted esté despierto y atento a lo que estamos tratando.
Vamos a suponer que el siguiente domingo usted se encontrara frente al espejo rasurándose y a la vez escuchando la radio. El locutor anuncia que la noche anterior exactamente a la medianoche cada casa de prostitución, cada tienda donde se venden revistas pornográficas, cada casino y cada lugar donde se practica todo tipo de pecado, misteriosamente se cayeron y quedaron totalmente destruidos. Seguramente su reacción a este anuncio seria exclamar: "¡Gloria a Dios!". Entonces cuando ya esté en la clase de la Escuela Dominical, alguien le preguntará qué piensa usted de lo ocurrido? Estoy seguro que responderá "¡Es la mano de Dios! ¡Dios lo hizo!" y de cierto, usted tendrá la razón. Los incrédulos no van a aceptar su explicación y los periódicos y comentarios televisivos inventarán todo tipo de teorías, pero usted atribuirá todo lo sucedido a Dios y se regocijará en su obra soberana.
¿Fue Dios, o Fue el Diablo?
Ahora bien, vamos a suponer que el siguiente domingo esté usted todavía con la rutina de siempre, rasurándose y escuchando la radio, y el mismo locutor anuncia que anoche exactamente a la medianoche cada templo evangélico en el país misteriosamente se cayeron y quedaron totalmente destruidos. Y ¿cómo reaccionará usted a esta noticia? Dirán la mayoría de los cristianos "¡Gloria a Dios!"? o, ¿dirán: "¡Fue obra del Diablo!"?
Pero, ¿por qué atribuir la destrucción de los lugares malos a Dios y luego culparle al Diablo cotí la destrucción de las iglesias? Si entendemos bien claramente la Escritura, como por ejemplo los pasajes como Rom. 11:36 y 8:28, entonces tenemos que reconocer la mano de Dios en los dos eventos. El propósito primordial de este mensaje es el de enseñarnos que Dios soberanamente controla cada cosa que pasa, sea "buena" o "mala". Dios está envuelto en alguna manera u otra, en cada evento y en cada detalle, por pequeño que sea, de todos los eventos. Si esto no es la verdad, entonces no tenemos ninguna esperanza en medio de una generación tan confusa.
Cuando la gente atribuye todo lo bueno a Dios y todo lo malo al Diablo, son culpables de una herejía antigua llamada el "dualismo". Esta herejía básicamente comprende a Dios y al Diablo (el Bueno y el Malo) como dos poderes independientes y soberanos que luchan entre sí para al final controlar completamente al mundo. Nosotros esperamos arduamente que nuestro líder gane, pero a veces las cosas no parecen caminar bien. Desgraciadamente la mayoría de los cristianos son culpables de creer en esa herejía, especialmente los del movimiento carismático, y cualquier otro que predique, como ellos, que la salud y las riquezas son derechos de cada cristiano, y así culpan al Diablo de todo lo que le estorba en su búsqueda de estas dos cosas. Esta es la herejía del dualismo en su mayor manifestación.
Y, ¿cómo puede un cristiano sincero creer esto? ¿Por qué atribuye el bien a Dios y el mal al Diablo, y así, sin darse cuenta, niega la soberanía de Dios? Probablemente es porque quiere "proteger" a Dios. Tratan de hacerlo más fácil de creer y amar, atribuyéndole todo lo que les parece bueno. Por ejemplo, una joven enfermera que trabajaba en la sala de urgencias de un hospital me dijo que cuando llegaba un paciente accidentado, miembro de cierta iglesia en ese pueblo, el pastor de esa iglesia corría siempre al hospital. Sus primeras palabras pronunciadas a la victima y a su familia eran estas: "Acuérdense, Dios no tuvo nada que ver con esto". Supongo que este pobre hombre temía que sus feligreses fueran a despertar de la fe. Pero si usted piensa por un minuto sobre lo que este predicador decía, pueden comprender lo ridículo que era. Este hombre quería "proteger" a Dios, pero en realidad, estaba preparando terreno para la desesperación y la incredulidad. Dejaba a la persona lastimada totalmente en las manos o de Satanás o de un fatalismo cruel. Inconscientemente quitaba a Dios de la escena cuando en realidad la persona tenía necesidad de sentirse segura del control soberano de Dios sobre todas las cosas.
Una tarde un hombre dio su testimonio y contaba de un amigo suyo que murió en un trágico accidente aéreo. El oficial encargado de la situación trataba de consolar a la madre del muerto y dijo lo siguiente:
"Es imposible que este accidente vuelva a repetirse. Es una rareza que no volverá a ocurrir. Nadie podía haberlo pronosticado, nadie pudo controlar los eventos. Simplemente no hay una explicación lógica para lo que pasó".
La mujer era una cristiana que entendía las verdades que aquí estamos exponiendo y ella respondió al oficial:
"Señor, quizá usted no cree que Dios estaba envuelto en este accidente de mi hijo, pero yo si. No tengo idea del porque Dios escogió dejar pasar esto, pero sé que era parte de su propósito divino y su mano estaba siempre en un control total de la nave, de las condiciones atmosféricas y de la vida de mi hijo".
¡Cuan diferente la teología de esta madre y la de aquel predicador en la sala de emergencias!
¿Qué Tan Poderoso Es Dios?
Vamos a suponer que usted es víctima de un accidente y sufre mucho dolor. ¿Le servirán de consuelo la teología y las palabras de aquel predicador? ¿Cómo sentirá si alguien le dijera que Dios no tuvo nada que ver con lo que pasó? Cuanto tiempo tendrá que pasar antes de que usted empiece a pensar muy seriamente y a hacer preguntas como esta: "¿Dónde estaba Dios cuando esto ocurrió? ¿No lo podrís haber impedido? ¿Por qué no lo evitó? ¿Era más tuerte el Diablo que Dios en esta situación? ¿Será que el Diablo logró causar este accidente, aunque Dios estaba desesperadamente tratando de evitar que pasara? Usted pronto empezaría a pensar que el predicador sí tiene la razón, y tai vez Dios no es tan poderoso como pensaba.
Estoy seguro de que usted puede comprender que si Dios no es lo suficientemente grande para controlar las cosas malas, así como las buenas, entonces nos encontramos en un gran problema. Cuando las cosas malas llegan a ser más numerosas que las buenas, (como lo son en estos días) entonces nos parece que estamos perdiendo la batalla Nos parece que nuestro lado es el mas débil. Y, aunque usted no se haya dado cuenta, esto es exactamente lo que ha pasado en el corazón de muchos de los cristianos contemporáneos. Esta generación se ha olvidado de la soberanía de Dios y ha exaltado la soberanía del libre albedrío del hombre. Hemos olvidado la santidad de Dios, y en su lugar hemos enaltecido la felicidad personal del hombre como el objeto principal que buscar y como la meta principal! del evangelio. Estamos tan ocupados con nosotros mismos y con nuestro placer, que literalmente creemos que Dios sólo existe para el propósito de hacernos felices, dándonos todo lo que nuestros corazones egoístas desean. Dios es considerado como un mozo celestial que está siempre a la orden para cumplir nuestro mandato, y estos mandatos los llamamos "oraciones de fe". Cuando no recibimos le que queremos, entonces nos condenamos a nosotros mismos por una falta de te, o perdemos la confianza en las promesas de Dios (o, más bien en 10 que nosotros equivocadamente creemos que son sus promesas).
La Causa De La Desesperación Moderna
Entre más parezca que el pecado triunfa, más nos parece como si Dios estuviera perdiendo la guerra por causa de su debilidad. La desesperación, frustración y depresión de ésta presente generación existencialista, es producto del mal entendimiento del control soberano de Dios sobre todas las cosas. El evangelio que enseña que Dios quiere que usted sea rico y sano, va a ser la causa primordial del abandono de la te de esta generación. El "dios amoroso" que se supone le va a dar todo lo que su corazón desea, será al final despreciado y ridiculizado, cuando no pueda cumplir los antojos.
Si un cristiano que vive en tiempos malvados como los de ahora, realmente entiende la Escritura, él es como un niño que jugaba baseball. Vino un hombre y le pregunta del marcador y el niño contesta: "40 a O". El hombre entonces pregunta "¿y cuál equipo está ganando?", y el niño contesta: "el otro". El hombre quería mostrarse compasivo y dijo "tu has de estar muy desanimado, ¿verdad?" Pero el niño dijo: "no, no en lo más mínimo, todavía no nos toca nuestro turno al bat".
El cristiano no ve los encabezados de los periódicos, no se fija en los pronósticos de los expertos, no se impresiona con tantas predicciones de tos profetas. El hijo de Dios, con un claro entendimiento de la Escritura mira a la soberanía de Dios revelada en esta Escritura. Un creyente verdadero sabe que los suyos van a ganar a pesar del marcador mundanal. Sabe que Jesucristo es el Señor a pesar de lo que pasa en el mundo o en su vida personal. Confía que todo, al fin, será para su propio bien y para la gloria de Dios.
El Calvario Fue Un Día Victorioso
Jesucristo nunca fue más Señor, y el Padre nunca estuvo más en control de todas las cosas, que en aquel día cuando los pecadores "con manos inicuas", (sin estar conscientes de que estaban cumpliendo los decretos de Dios), clavaron a nuestro Salvador en la cruz. Nuestro bendito Señor nunca experimentó antes más el control, nunca había sido antes más soberano o más poderoso, de lo que era en el momento cuando los hombres le gritaron en burla: "Ahora, ¿dónde está su Dios?". Le retaron a comprobar que él era el Hijo de Dios, bajándose de la cruz. Y si usted y yo hubiéramos estado aquel día al pie de la cruz, probablemente hubiéramos pensando seriamente sobre la cuestión de sí Dios en realidad era el Padre de Nuestro Señor Jesús. Y si lo era, ¿por qué no le ayudó? ¿Por qué permitió que todas esas cosas le pasaran a su hijo amado? Nunca hubiéramos entendido si no fuera por la revelación, que aquella hora, es aquel día, era el punto específico en el tiempo, hacia el cual Dios movía desde el día que Adán pecó.
Nunca ha habido un día cuando Dios fuera más triunfante, en su poder, en mi amor y en su santidad, que aquel día de la cruz del Calvario. Jesucristo no era un mártir; el Hijo de Dios no fue una simple víctima. Ese día en el Gólgota era el día de la victoria divina, no un día de derrota. Dios era el director de la escena, y controlaba cada detalle del evento. El mundo y el Diablo pueden haber pensado que el plan y propósito de Dios había sido detenido, pero estaban equivocados. El Calvario fue un día de victoria gloriosa para la Gracia Soberana. Los pecadores se jactaron y lo ridiculizaron, sudarse cuenta de que sus pensamientos y acciones cumplieron los propósitos preordenados.
Ahora vamos a examinar los seis principios de la Palabra de Dios sobre los cuales estas verdades gloriosas son edificadas:
El primer principio empieza con Dios y sus propósitos. Dios tiene un plan definido para el mundo (Job. 23:13; Efe. 1:8-12). No quiero dedicar mucho espacio a este tema porque espero escribir todo un artículo sobre el asunto más adelante, permítanme dejarles un bosquejo sobre esta verdad anotando varios versículos de la Escritura:
"Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo" —Job.23:13.
1.El plan de Dios NUNCA CAMBIA: "¿quién lo hará CAMBIAR?".
3.El plan de Dios INCLUYE TODAS LAS COSAS que suceden: "...habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace TODAS LAS COSAS según el designio de su voluntad" —Efe. 1:11.
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que CONFORME A SU PROPÓSITO son llamados" —Rom.8:28.
El pelagiano niega que Dios tenga un plan. El arminiano niega que el plan sea específico e incluya toadas las cosas. Las confesiones de fe dicen: "Dios, desde toda la eternidad y por el consejo sabio y sanito de su propia voluntad libre, sin coerción e inmutablemente ordenó todo lo que sucede". Vean los siguientes textos:
Dios hace todo DELIBERADAMENTE —Sal. 115:3.
Dios hace según a él le PLACE —Sal, 135:6.
"Dios hace todo según su eterno conocimiento, poder y deseo" —Isa. 46:10 y Hech. 15:18.
Si usted se siente inclinado a rechazar lo que aquí se propone, le sugiero que vea algunos otros versículos aún más "fuertes" (Deum. 2:30; 1Sam.16:14), y trate de hacerlos caber en su modo de pensar. Una ilustración clásica de la soberanía de Dios en el cumplimiento de sus propósitos se halla en 2Sam. 17: 1-14:
Vs. 1-3 —El buen consejo es dado.
Vs. 4 — Absalón está listo a actuar.
Vs. 5-13 —Un mal consejo es dado deliberadamente.
Vs. 14 —Dios había ordenado que Absalón creyera una mentira.
Como ya dije, solo les estoy dando un bosquejo sencillo, más adelante les presentaré más material sobre el tema. El asunto de los decretos de Dios es un tema por separado y merece que se le dedique más espacio que el que tenemos disponible aquí en este momento. Ahora, seguimos al siguiente punto.
DIOS SIEMPRE ESTA EN CONTROL
El segundo principio surge del primero, Dios no sólo tiene un plan, sino que también lo lleva a cabo. El segundo principio es que Dios siempre está en control de tenias las cosas y constantemente está trabajando para lograr su plan (Hab. 1:1-11; Isa. 10:5,6).
A veces su plan incluye el avivamiento, días en los cuales (como en Pentecostés), miles de almas fueron llevadas al Reino de Dios. Pero también incluye oíros tiempos que son de juicio. Isaías llama al juicio de Dios su "obra extraña", pero, de todos modos, es su obra. Y así como hay días de Pentecostés cuando miles de almas son salvas, también hay días de juicio cuando una inundación universal barre a casi toda la raza humana a la condenación eterna. Tenemos que entender que Dios es tanto el autor de un día como del otro. Sea el Pentecostés o sea la inundación, sean eventos como los de Hechos capítulo 2 o eventos como el de Génesis 6, Dios está en control y hace funcionar su plan. Las lluvia y la cosecha así como la sequía y el granero vacío provienen de (a misma mano del soberano Dios. Tenemos que aprender a glorificarle bajo todas las circunstancias (Hab.3:17-19).
El primer texto de la Escritura que quiero mostrarles para comprobar este punto, se halla en el libro de Habacuc. Este libro fue escrito principalmente para darnos una perspectiva bíblica de la historia. El profeta trata con un problema que es común también en nuestro tiempo. Contesta la pregunta: "¿Cómo puede un Dios santo dejar que los hombres malos triunfen sobre los justos?". Es cierto que los malos salen venciendo, y normalmente lo hacen a expensas de los justos. Podemos volver a hacer la pregunta utilizando otras palabras: "¿Por qué es que Dios a veces parece estar sordo ante las oraciones de su pueblo, cuando estos claman en tiempos de problemas y confusión?". Bueno, vamos a buscar en el texto la contestación a esta pregunta:
"La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, OH Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la Justicia".
"Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aún cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí yo levanto a los Caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la llanura de la tierra para poseer las moradas ajenas" —Hab. 1.1-6,
Al leer este pasaje, fíjese en el versículo 2 donde Habacuc ora a Dios y le acusa de no oírle, de no contestar sus llamadas, Habacuc clama a Dios a mandar un avivamiento, pero en lugar de esto le parece que Dios no hace nada y hasta deja que las cosas empeoren. Habacuc mira alrededor y ve la violencia, corrupción y la injusticia por todos lados. Y le parece que Dios no hace nada para detenerlo. Habacuc quiere un avivamiento pero sólo ve que aumenta la rebelión contra la ley. El versículo 3 dice que Dios le hace ver a Habacuc la situación tan terrible. Es como si Dios quisiera que Habacuc vea y reconozca la violencia. En el versículo 4 Habacuc concluye que la justicia sale torcida. Es decir, describe la sociedad como sin ley, donde los hombres malos, si tienen los recursos, puede hacer lo que quieren. En los primeros cuatro versículos se ve la acusación de Habacuc contra Dios. Habacuc achaca a Dios de ser sordo o impotente para oír y contestar las oraciones. Dios le parece o incapaz o sin voluntad de hacer algo tocante a la situación de la sociedad y Habacuc malgasta su tiempo en orar.
En el versículo 5 Dios contesta a Habacuc, y su respuesta es más difícil entender que su silencio. Ahora bien, recuerde usted lector, que Habacuc ora tocante al pueblo del pacto de Dios, la nación de Israel. Quisiera que el lector notara lo que dice el versículo 5: "haré en vuestros días algo…" y luego en el versículo 6 dice: "levanto a los caldeos…" En otras palabras Dios responde a Habacuc y cuando le dice lo que va a hacer el profeta se entristece aún más Al principio Habacuc se encontró molesto por la aparente inactividad de Dios, pero ahora su problema está con la actividad que Dios dice que va a desarrollar. Le parece que Sus propósitos divinos que se cumplirán son peores que la presente situación. Pero ¿exactamente qué iba a hacer Jehová? En ese mismo momento Dios estaba fortaleciendo a la nación caldea y preparándoles para invadir la nación Israelí Los caldeos serían el instrumento divino para castigar a Israel. Esto es lo que el texto nos aclara. Los caldeos ya vienen y Dios mismo es el responsable de haberles mandado.
La mayoría de los predicadores que son populares entre la comunidad evangélica moderna, dirían que "¡Dios es un Dios bueno y sólo hace cosas buenas para con su pueblo, por eso usted puede esperar de él que algo bueno le acontezca hoy! Es verdad que la invasión de los caldeos iba a ser usada por Dios para lograr propósitos buenos. En realidad los tiempos terribles serían el medio de traer a Israel al arrepentimiento y así la oración de Habacuc por el avivamiento de su pueblo sería contestada. Sin embargo el Dios de Habacuc y sus métodos no cabrían dentro del concepto moderno de Dios y su soberanía. Pero cuando leemos esta historia de Habacuc, tenemos que comprender que cuando los Caldeos invadieron a Israel, no fue el diablo quien los mandó para hacer mal a Israel, sino que fue Dios mismo quien los mandó para lograr un fin bueno. No importa cual sea lo que nos deje perplejos a nosotros, si acontece, es la mano de Dios que lo controla, porque de otra manera no nos sucedería, Dios nos manda estos "males" para lograr algo en nuestras vidas. Entonces debemos nosotros buscar su rostro y pedirle la gracia necesaria para aprender la lección que él quiere enseñarnos por medio de esta prueba, en vez de culparle al diablo de todo lo que nos parece malo.
Echarle la culpa al diablo por todas las dificultades que experimentamos es una manera insincera y sarcástica de fortalecer el injustificado amor propio. Hasta he oído a algunos decir "debo ser un cristiano súper-espiritual porque el diablo me ataca fuertemente". Pero hasta no ver la mano de Dios en todas las cosas, pelearíamos contra Dios y contra el propósito que él tiene en mandarnos los problemas. No hay otra cosa más triste que el escuchar a una persona sincera culpar al diablo por los frutos de su propia estupidez. Y siente que el diablo lo ha de haber hecho y no él mismo, porque es tan espiritual. Nunca se le ocurre pensar que estaba creyendo y esperando algo que Dios nunca prometió, y al mismo tiempo rehúsa aceptar que las circunstancias provienen de Dios. Su teología mala le prohíbe oír la voz de Dios en las luchas y pruebas, y peor aún, le endurece en su falsa espiritualidad.
Lector, ¿no ve usted lo que el texto dice? "Yo (no el diablo) haré una obra" y esta obra es una de castigo. Vea otra vez en el versículo 6 que es Dios quien levantó a los caldeos. Dios es el que manda esa nación temible contra su pueblo escogido. Más adelante en el capítulo, Dios demuestra que va a juzgar a los caldeos por lo que ellos hicieron, pero hablaremos de esto más adelante cuando consideraremos otro principio.
Siendo que este segundo principio es tan importante, y siendo que es el cimiento de todo lo que sigue, permítame darle otro pasaje que enseña la misma verdad. En el capítulo diez de Isaías se encuentran tres de los principios que les estoy presentando en este estudio. El segundo principio que hemos estado buscando se encuentra en los versículos 5 y 6.
"¡Ay de Asiría, la vara de mi ira! Pues en su mano está puesto el garrote de mi furor. La mandaré contra una nación impía, y la enviaré contra el pueblo que es objeto de mi indignación, a fin de que capture botín y tome despojos, a fin de que lo ponga para ser pisoteado como el lodo de las calles".
En vez de usar a los caldeos, Dios en este ejemplo, ahora usa a los Asirios. En el versículo 5 declara que el garrote en la mano del asirio es en realidad el de Dios. El asirio puede ser el que maneja el arma, pero atrás del asirio está la mano de Dios y sus propósitos. En el versículo 6 Dios dice: "La mandaré contra una nación impía, y la enviaré contra el pueblo que es objeto de mi indignación"; Dios, no el diablo, manda al Asirio contra Israel. Seguramente usted lector puede ver esto en el texto. Dios está obrando soberanamente. Está totalmente en control y está logrando sus propósitos que antes ordenó. El predicador más peligroso es aquel que, pareciendo tan dulce y tierno, le dice "mi Dios es demasiado amoroso y misericordioso para hacer algo como eso". Desgraciadamente esos predicadores tienen la razón; "su" Dios de ellos surgió de sus propias imaginaciones en vez de las palabras de la Escritura.
TODO EL MUNDO TRABAJA PARA DIOS
Aquí está el tercer principio. Al ejercitar sus planes, Dios usa a todos, aún al diablo mismo. Al contemplar este principio por primera vez, para muchos es una idea desagradable. ¿Qué? ¿Dios usar al diablo? Si, así es. Todos, aún el diablo sirve a los propósitos divinos. Aunque un siervo cumpla su servidumbre rechinando los dientes y odie a su amo, es, sin embargo, un siervo. Y así es con el diablo. Satanás nunca ha hecho nada porque ama a Dios. Nunca ha hecho ni una cosa con el propósito de traerle gloria. Todo lo que el diablo hace es porque aborrece a Dios y quiere frustrar sus propósitos. Sin embargo, al final, todo lo que el diablo ha hecho servirá para fomentar los propósitos de Dios. Si hay en verdad alguien de quien se puede decir en verdad que nació para perder, es el diablo mismo. En el día final, será demostrado que nunca ganó ni en lo más mínimo.
Veamos esta verdad ilustrada en Isaías capítulo 10, versículos 7 al 11:
"Pero ella no lo imaginará así, ni su corazón lo pensará de esta manera. Más bien, la intención de su corazón será destruir y exterminar no pocas naciones. Porque él dice: 'Mis príncipes, ¿no son todos reyes? No es Calne como Carquemis? ¿No es Hamat como Arfad? ¿No es Samaria como Damasco? Como mi mamo alcanzó los reinos de los dioses, a pesar de que son imágenes talladas eran más que las de Jerusalén y de Samaria; como hice a Samaria y a sus dieses, ¿no haré así a Jerusalén y a sus Ídolos?"
El texto está claro, el asirio no tiene en mente el mismo propósito que Dios. En realidad es obvio que el asirio no piensa en Dios. Todo lo que esa nación arrogante piensa es en destruir otra nación y robarle sus riquezas. Sin embargo, sin que el asirio se de cuenta, Dios es el que dirige la situación. El mueve tanto la mente como las emociones del asirio. El Señor soberano dirige todas sus acciones para procurar el cumplimiento de su propósito en juzgar a Israel.