
Mi nombre es Zenayda Bonilla, soy originaria de la bella tierra de El Salvador. Tengo 29 años de edad, madre de dos hermosos varoncitos y una hermosa hija, que Dios me ha prestado para que cuide de ellos e instruya en su camino con su palabra. Soy casada, gracias a Dios tengo un buen hombre a mi lado. Todo lo que tengo se lo debo a mi buen Dios.
MI TESTIMONIO.
Nací en hogar cristiano, viviendo en la ciudad, un día mis padres decidieron mudarse al campo y tener una vida más relajada fuera de tanto bullicio y tanto peligro. Así empezamos una nueva vida, esto sucedió más o menos cuando tenía la edad de dos años. Siempre tuve un buen ejemplo en mis padres que a pesar de su ignorancia académica siempre nos inculcaron valores morales y principios cristianos. Como a la edad de ocho años acepte a Jesús en mi corazón, empecé mi vida cristiana practicando en coros, textos bíblicos, participaciones especiales. A los diez años estaba dando escuela dominical a los demás niños, me encantaba ser la maestra. Seguidamente pase al grupo de jóvenes y ahí la experiencia fue más madura, y la lucha también fue más fuerte puesto que mientras muchas de mis amistades experimentaban el mundo y sus deleites yo según ellos perdía mi tiempo en la iglesia. Lastimosamente escuche esos comentarios y empecé a descarriarme de la verdad, del buen camino y del consejo de mis padres. Tome malas decisiones y las consecuencias vinieron una por una fueron cobradas, mis padres siempre oraron por mí, y clamaron a Dios para que regresara al hogar, puesto que a la edad de mis quince años me fugue de casa. Un año después volví a casa, mis hermanos y hermanas estaban alegres pero a la vez furiosos conmigo porque les había causado tanto dolor. Mientras que mi padre me abrazaba y decía que todo quedaba en el pasado, me recibió en sus brazos, me puso a estudiar nuevamente, suplió mis necesidades y la de mi hijo, jamás me hizo reproches. Yo comprendo perfectamente la parábola del "Hijo Prodigo" porque yo la viví.
Antes me daba miedo compartir esto porque no quería que la gente me rechazara. Hoy veo hacia atrás para ver lo que Dios ha hecho y sigue haciendo en mi vida. Fui víctima de tres intentos de violación y por la misericordia de Dios no se realizaron. El primero a los 8 años, lo tengo muy presente, aunque vivíamos muy a las afueras de la ciudad mi padre trabajaba en la capital, un día decidió llevarme con él y mi hermano mayor al trabajo, ese día le pagaban y nos llevaría a comer a algún lugar, mientras mi hermano compraba un helado y mi padre hacía fila para recibir su cheque, de repente alguien me tomo de la mano y me llevo a la fuerza a un lugar solo. Mientras yo forcejeaba tratando de escapar Dios me dio fuerza y patie a aquel hombre y salí corriendo. Dios me libro. Fue duro y muy difícil, eso me causo inseguridad y causo la sobre protección de mis padres hacia mí. El segundo ataque fue a los 15 años, estaba estudiando en la ciudad, mi hermano mayor y yo estábamos cruzando nuestro bachillerato. Una campesina torpe recién llegada a la ciudad, oportunidad perfecta.. Eso seguramente pensó el vecino que vivía enfrente de donde nosotros rentábamos. Un día esperando el bus que me llevaría al Instituto donde estudiaba, como a las 6:00 am se para enfrente de mi un taxi " sube al carro, yo te puedo llevar" dijo el, yo conteste que no prefiero esperar el bus, gracias. El insistió muchas veces y desgraciadamente el bus nunca pasaba, bueno este es mi vecino y ya soy amiga de su esposa dije para mí misma, y subí al carro. Estando dentro me empezó a acosar y decirme cosas muy incomodas para mí, ¡pare! ¡Aquí me voy a bajar! le dije, el puso seguro automático a la puerta, no paro y empezó a subir la velocidad, no sabía para donde me llevaba, gracias a Dios obligatoriamente tenía que pasar por una calle de mercado donde tenía que disminuir la velocidad del auto, ¡esa fue la oportunidad perfecta! Forcejeé la puerta y caí en la carretera con mis libros y empecé y empecé a gritar y llamar a la esposa de el en la calle... Hasta que ella salió y dijo: ¿qué pasa? Yo le conté lo sucedido, ella llorando entro a su casa cerraron la puerta, escuche gritos, golpes, llanto de aquella mujer... Y de repente sale con una pistola en su mano apuntándome y diciéndome ¡te voy a matar!¿porque le viniste a decir a mi mujer? Yo con miedo y rabia le dije: dispáreme si quiere, me di la vuelta y empecé a caminar, esperando el disparo. Pero Dios y solamente Dios me volvió a librar.
Ahora Zenayda trabaja fuertemente en la Iglesia del Señor. Ella ha trabajado en diferentes áreas de la iglesia y es la editora del espacio de MUERES de este blog.